viernes, 9 de marzo de 2018

APRENDIZAJE CASOS

Juan nos estuvo explicando en el aprendizaje también cómo Borja, un niño con el que estuvo trabajando terminó hablando gracias a, en un principio lacasitos, sí, unos chocolatitos cubiertos de colorines que suelen ser llamativos para los niños y los gusta obtenerlos ( Refuerzo positivo, obtener algo que nos agrada). Eso sí, nos comentó cómo fue el primer día tras dejar al niño en la clínica y los padres marcharse, él no paraba de llorar y de correr hacia la puerta y Juan se puso en la salida con una silla sin prestarle atención, aún así atronado por esos llantos toda la hora, pero es lo que se tenía que hacer. Cuando el niño atenuaba esas pataletas es cuando Juan quería intervenir con él para enseñarle algunas cosas pero el niño seguía llorando, y ( esto me hizo gracia) es cuando se comenzaba a morder las uñas a mirar al techo otra vez quitándole esa atención que Borja quería. Al siguiente día que los padres le  llevan tenían que agarrarle fuerte y meterle en la sala porque si no el niño no iba a entrar. Le dejaron allí y esta vez solo estuvo 15 minutos llorando, en este momento es cuando se pudo trabajar con él y enseñarle las cosas básicas y palabras que tenía que pronunciar ( ese era el problema, que no hablaba). Cada vez que decía algo bien se le daba un la casito y así el niño se veía recompensado.
Tengo que recordar que hubo una de estas clases que me quedé con esta información por parte del profesor de psicología :en algunas clases un profesor perdía valor sobre su voz, es decir, que los alumnos no le hacían caso cuando éste gritaba, (estarían acostumbrados a escuchar un “¡CALLAOS!”) Tenía que utilizar otro tipo de táctica de buenos resultados. En vez de gritar y decir que se callen, enseñarles unas tarjetas de colores amarilla para primer aviso quizá había dos avisos y si seguía sin hacer caso el alumno enseñarle una roja y echarle de clase, por ejemplo. (Se podría dar un  Castigo positivo, que obtuviera algo que no le guste o castigo negativo, requisarle algo que le agrade) Así ellos relacionaban las tarjetas amarillas con que se tenían que callar. Me pareció muy ingenioso.
Hicimos unos exámenes sobre un niño que se llamaba Sergio, bastante tímido. Entró en primero de la ESO, solo tenía dos amigos y hubo un malentendido o una broma sin ninguna mala intención de sus amigos cuando le vieron hablar con una chica que comenzaron unas series de comentarios, los cuales desembocaron en que Sergio no quería volver al colegio y llamase a sus padres para que vinieran a por él. Esro fue un caso real que no tuvo gran complicación, pero se necesitaba obviamente la ayuda de Sergio, quien se pensaba que seguían mirándole y cuchicheando de él.  Se preparó en el despacho del orientador lo que tenía que hablar en público para decirles que es algo que no le gustó, que dejasen de hacerlo. Tardó cinco minutos en dar el discurso. Los aplausos finales delataron la conmoción de la clase, y volvió a ir a sin más problemas. Yo pregunté al profesor si influye la edad y que se hubiera hecho si la víctima, por llamarlo de alguna forma, no hubiera querido colaborar puesto que era bastante complicado que accediera a hablar en público. Hubiera sido mucho más complicado y se tendría que recurrir a otras técnicas. Y sí influye la edad y la persona.
Tengo que recalcar que realmente me emocionó el final de este caso. Y yo creo que alguno se dio cuenta ya que soy muy expresiva y se me ve cuando algo me gusta y cuando no. Me alegró bastante oír que este chico no volvió a tener esos problemas que le hacía imposible vivir, pues antes de esto no había día que se levantase con la idea de no inventarse o incluso sentirse realmente mal y no acudir a clase. 

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